martes, 7 de octubre de 2014

Chichis a las Gallinas

¿Chichis a las gallinas?”

No tenemos más rey que César.” Evangelio de Juan 19:15.

¿Y Tú?

¿Quién es tú rey?

Probablemente, siguiendo la corriente predominante en el mundo, es Mamón (el dios de las riquezas), la abundancia de cosas, la búsqueda de la paz personal (donde lo único que importa es yo, y al último yo, no me interesa lo que le suceda al de al lado).
Indefectiblemente seas tú, tú y nadie más que tú.
Posiblemente tu trabajo. Tu esposa o hijos; tus posesiones.
Siendo honestos: ¿Lo reconocerías? ¿Admitirías delante de la multitud quién en realidad reina en tú vida? ¿Lo concederías; lo confesarías?
Y la obviedad es obvia.
Al menos éstos hombres eran honestos y transparentes. No digo que hicieran lo correcto. Es obvio, pero íntegros, traslúcidos, diáfanos, sí que lo eran.
Además valientes para admitirlo.
Erróneamente, obvio.
Esa turba no intentaba ocultarlo, enmascararlo, edulcorarlo, encubrirlo o suavizarlo. Llanamente eran honrados. Consigo mismos y con los demás.
Repito:
¿Quién es tú rey?
Verdaderamente.
¿Quién lo es? ¿Es Jesús tú rey?
Para determinarlo es muy sencillo: ¿Gobierna Él tú vida? ¿Todas las áreas o la mayoría, y estás en ese proceso? ¿O sólo las partes qué te convienen, las “no-pornográficas,” las que se pueden hablar abiertamente en cualquier conversación y con cualquier persona?

¡Porque Jesús, o es Rey de Todo, o no lo es de Nada!

Así de simple. No le busque tres pies al gato... ni chichis a las gallinas.
¿Que no le hemos entregado? ¿Cuáles aspectos o secciones, conservamos gobernando nosotros, o el dinero, o el trabajo, o la esposa o los hijos, o amigos, o aficiones, etc?
¿Cuáles actitudes, pensamientos, negligencias, omisiones, siguen enmascaradas, y siendo regidas por nosotros mismos y no por Él?
¿Y en lo secreto, allá en lo recóndito, en los “rinconcitos,” donde no alcanza la vista humana, pero la del Espíritu de Dios, llega profundamente?
Al menos esa multitud tenía congruencia. Erróneamente. Obvio, lo reitero.
Déjame aclarar algo:
Dentro del “evangelio de salvación,”en el cuál crees y estás inmerso, (no dentro del evangelio del reino), ¿Tienes explicación clara, directa, franca, cimentada para el: “¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Lucas 6:46. Es claro que dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos.” Mateo 7:21. ¡Apuesto que no! No hace sentido en términos de salvación. Pero lo hace en términos del reino. Y finalmente es lo que importa. Es la absolutez del Dios Absoluto. La obviedad, obvia.
Claro está que la tal turba era honesta, congruente y transparente. ¿Lo eres tú?
¿Corazón de turba?
Turbación es lo que vendrá. ¡Más! Turbación, tremenda, lloro y crujir de dientes.

¿Seguirás buscándole...?

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